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MISERERE

MEI DEUS

Hay músicas que conocemos desde hace siglos. La pregunta es qué puede ocurrir cuando las hacemos suceder de otra manera.

Miserere Mei Deus nace alrededor de uno de los textos más intensos de la tradición cristiana —Miserere mei, Deus— y de una obra que lleva casi cuatro siglos provocando fascinación: el Miserere de Gregorio Allegri.

Pero este proyecto no quiere reconstruir el pasado ni ofrecer una nueva interpretación de una obra conocida.

El Miserere de Allegri será el punto de partida de una creación mucho más amplia en la que convivirá con mi propia música y en la que voces, instrumentos, espacio, movimiento, luz y silencio dejarán de ser elementos independientes para formar parte de una misma dramaturgia.

Su origen está en el Oficio de Tinieblas, una antigua celebración de la Semana Santa en la que la oscuridad iba apoderándose progresivamente del espacio. En el centro, un tenebrario con quince velas. Una tras otra se apagaban hasta dejar prácticamente el templo a oscuras.

Ese gesto será también uno de los hilos que atraviesen Miserere Mei Deus.

La luz no estará para iluminar la música. Será parte de la música. El silencio no será solamente la ausencia de sonido. El espacio tampoco será únicamente el lugar donde ocurre la obra.

Todo tendrá una función.

Y también quien asista.

Miserere Mei Deus está concebido para que el público no permanezca simplemente frente a una obra, sino dentro de lo que está ocurriendo. Para provocar estados que vayan cambiando a medida que avanza: silencio, extrañeza, intimidad, tensión, recogimiento, comunión, espiritualidad.

Habrá momentos en los que pueda resultar difícil saber exactamente a qué estamos asistiendo. La oscuridad, el silencio, la presencia de los demás y la música pueden llevarnos por momentos a la intimidad y el recogimiento de un velatorio. No porque queramos representarlo, sino porque Miserere busca construir una realidad propia y hacer que, durante un tiempo, quienes están allí formen parte de ella.

Y mientras las velas desaparecen, la música irá construyendo un recorrido alrededor de algunas de las grandes preguntas que contiene el propio salmo: la culpa, el perdón, la fragilidad, la súplica, la misericordia y la posibilidad de comenzar de nuevo.

Entre la primera llama y la última oscuridad, Miserere Mei Deus irá transformando la música, el espacio y también a quienes estén dentro de él.

Una obra actualmente en proceso de creación. Estreno previsto para otoño de 2027.

Aún no puede escucharse.

Miserere está en proceso de creación. Muy pronto podrás escuchar aquí los primeros fragmentos.

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MAGNÍFICAT

Dos mujeres se encuentran. Una de ellas lleva dentro a Cristo. La otra lo reconoce antes incluso de verlo. Y María canta.

De ese encuentro nace el Magnificat, uno de los textos más extraordinarios del Evangelio y una de las oraciones que más veces ha inspirado a los compositores a lo largo de la historia.

Este Magnificat parte también de ese instante. Mi interés no está únicamente en poner música a las palabras de María, sino en imaginar lo que sucede antes de que las pronuncie: la llegada, el encuentro, la sorpresa, la alegría, la intimidad entre ambas mujeres y esa explosión de alabanza que comienza con Magnificat anima mea Dominum: Proclama mi alma la grandeza del Señor.

La propia estructura de la obra nace de esa lectura del texto. Sus palabras no aparecen simplemente como una sucesión de versículos: la música se articula en diferentes movimientos que recorren los distintos estados, imágenes y significados que contiene la oración de María.

Cada uno tiene su propia identidad musical y, al mismo tiempo, forma parte de un recorrido común.

La tonalidad está siempre presente como referencia, pero no como un lugar completamente estable. Sobre ella aparecen fricciones, tensiones, ambigüedades y resoluciones que a veces se hacen esperar. La música avanza mediante materiales que se repiten, se transforman, se superponen o crecen, manteniendo una continuidad entre sus diferentes partes.

Hay intimidad y celebración, recogimiento y expansión, tensión y reposo. Momentos que nacen casi desde dentro y otros en los que la música necesita crecer, abrirse y ocupar todo el espacio.

Aquí la alegría no es decorativa. Es el motor de la obra.

El resultado es una música que dialoga con una tradición de siglos sin intentar reproducirla. Una música escrita desde el presente, pero asentada en un lenguaje reconocible, en la que melodía, armonía, ritmo, silencio y color buscan acercarnos no solo al significado de las palabras, sino también al estado desde el que pudieron ser pronunciadas.

Porque quizá el Magnificat no empieza realmente cuando María canta, empieza en el instante en que dos mujeres se encuentran y algo extraordinario sucede entre ellas.

Aún no puede escucharse.

Magníficat está en proceso de creación. Muy pronto podrás escuchar aquí los primeros fragmentos.

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STABAT MATER

Su hijo está muriendo. Y ella permanece de pie.

Stabat Mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa, dum pendebat Filius.

Estaba la Madre dolorosa, llorando junto a la cruz, mientras su Hijo pendía de ella.

Durante siglos, estas palabras han inspirado algunas de las obras más profundas de la música sacra. Pero hay algo en ellas que me interesa especialmente: María no huye. No puede evitar el dolor. Permanece.

Ahí comienza mi Stabat Mater.

No quiero acercarme al texto únicamente desde el sufrimiento o la muerte. Me interesa lo que ocurre cuando una persona permanece ante aquello que no puede cambiar. El dolor, la impotencia, el silencio, la pérdida, pero también el amor, la resistencia, la fe y la esperanza que pueden existir incluso dentro de ese dolor.

La música encuentra su propia manera de habitar ese dolor: a veces desde la tensión, otras desde el silencio y otras desde una belleza que pueda aparecer incluso en medio de él.

No me interesa describir el dolor. Me interesa construir un lugar en el que podamos permanecer frente a él.

Por eso tampoco imagino esta obra separada del espacio en el que sucede. La música, las voces, los cuerpos, la luz, la oscuridad y el silencio deberán formar parte de una misma realidad. No para representar el Calvario, sino para situarnos, durante un instante, al pie de la Cruz.

Stabat Mater está actualmente en proceso de creación.

Aún no puede escucharse

Stabat Mater está en proceso de creación. Muy pronto podrás escuchar aquí los primeros fragmentos.

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MISSA

EUCHARISTICA

Missa Eucharistica nace de un nuevo encargo, al igual que Miserere Mei Deus, o Magníficat o Stabat Mater y se encuentra todavía en ese lugar en el que comienzan muchas de mis obras: el estudio, las preguntas, las primeras intuiciones y la búsqueda de aquello que terminará dándole su identidad.

En este caso hay un centro inevitable: la Eucaristía.

El pan y el vino. El cuerpo y la sangre. La entrega, el sacrificio, la memoria, la presencia y la comunión. Un misterio celebrado durante siglos y alrededor del cual la música ha ocupado siempre un lugar esencial.

Pero esta obra tiene además una condición que determina todo lo demás: no está escrita para acompañar una liturgia desde fuera. Nace para formar parte de ella.

Eso cambia la manera de pensar la música.

Cada parte deberá encontrar su lugar dentro de la celebración, dialogar con la palabra y con el rito y ser capaz de sostener la oración sin convertirse simplemente en un fondo que la acompaña.

Todavía no sé exactamente cómo sonará.

Y quizá esa sea ahora mismo la parte más interesante del proyecto.

Estoy estudiando, escuchando, probando y descartando. Haciendo bocetos, borradores. Buscando qué lenguaje, qué sonoridad y qué recorrido necesita una misa que nace de la Eucaristía y que deberá cobrar sentido precisamente allí donde fue concebida: cuando vuelva a celebrarse el misterio del pan y del vino.

Missa Eucharistica está actualmente en proceso de creación.

Aún no puede escucharse.

Missa Eucharistica está en proceso de creación. Muy pronto podrás escuchar aquí los primeros fragmentos.

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