LO QUE BUSCO
Me interesa lo que sucede cuando una obra deja de estar sobre el papel y comienza a interpretarse. Cuando la música adquiere vida propia a través de quienes la hacen sonar y de quienes la escuchan.
Busco que entre la obra, los intérpretes y el público se establezca una relación que vaya más allá de la interpretación y la escucha. Que durante unos instantes compartan algo que no existiría de la misma manera por separado.
En la música sacra, esa relación adquiere además una dimensión espiritual. La música puede convertirse en oración, alabanza, súplica, esperanza o contemplación, y abrir un espacio de encuentro con Dios.
Mi estudio de la relación entre música y cerebro aporta otra perspectiva a esta búsqueda, ayudándome a comprender mejor cómo percibimos y experimentamos aquello que escuchamos.
MI MÚSICA
Nunca sé exactamente de dónde puede surgir una nueva composición. A veces es una melodía, una armonía, un texto o una imagen. Otras, una idea que inicialmente ni siquiera tiene que ver con la música. Cualquiera de ellas puede ser el comienzo de una obra.
Cuando compongo, tengo facilidad para imaginar la música mientras sucede. No solo cómo suena, sino también el espacio en el que se interpreta, su desarrollo, su representación y lo que puede generar en quienes la escuchan. Esa visión va tomando forma a medida que escribo y muchas veces influye en las propias decisiones musicales. Pero imaginarla no es suficiente: hay que trabajarla hasta convertirla en una obra real.
Mi manera de componer ha ido cambiando con el tiempo. También lo han hecho las músicas que me interesan, mis influencias y mi forma de abordar cada nueva obra.
He pasado por lenguajes, formaciones y formas de entender la composición muy diferentes. Algunas quedaron atrás, otras dejaron algo que todavía permanece. Y algunas de las cosas que escribí hace años contienen, sin que entonces lo supiera, ideas que hoy reconozco en mi música.
Con el tiempo, la música sacra, en sus diversas formas, ha ido ocupando un lugar cada vez más importante en mi trabajo. En ella encuentro una forma de oración y de alabanza, pero también un espacio de creación musical en el que conviven mi formación, mis influencias y mi manera actual de escribir.
DE DÓNDE DE VIENE MI MÚSICA
Mi música se ha ido formando a partir de muchas influencias, algunas muy diferentes entre sí. Desde la polifonía renacentista hasta la música sinfónica, la ópera o la composición cinematográfica, encuentro formas de escribir y entender la música que siguen acompañándome cuando compongo.
En esa herencia están Victoria, Palestrina, Allegri y Händel, pero también Mozart, Beethoven, Puccini, Turina o Rachmaninov.
Y están quienes se han convertido en referentes especialmente importantes para mí: Doyle, Zimmer, Abril, Pärt, Vasks, Preisner o Richter.
De unos me interesa especialmente el tratamiento de las voces y del texto; de otros, la melodía, la armonía, el dramatismo, el silencio, las texturas o el color orquestal. También esa capacidad de construir musicalmente una escena, generar tensión o transformar una idea sencilla en algo de gran intensidad expresiva.
No busco reproducir sus lenguajes. Me interesa comprender qué hace singular a cada uno y descubrir cómo todo ese aprendizaje puede encontrar su lugar en mi propia música.
LLÉVATE MI MÚSICA
Una partitura termina de cobrar sentido cuando deja la mesa de quien la escribe y pasa a las manos —y a las voces— de quienes van a interpretarla.
Por eso quiero compartir contigo una de mis obras corales.
AVE MARÍA
Coro mixto SATB
Una obra de carácter íntimo y contemplativo en la que la serenidad de la oración convive con momentos de tensión y cierta inquietud. Las voces construyen un recorrido de contrastes, con armonías que unas veces se encuentran y otras parecen resistirse, hasta recuperar progresivamente el sosiego.